viernes, 29 de diciembre de 2017

De roles y juguetes

En estas fechas tan señaladas en las que Papá Noel y los Reyes Magos tienen tanto trabajo por hacer, quisiera escribir esta entrada para que no se olviden de una serie de detalles de vital importancia para construir una sociedad más justa e igualitaria. 

Y es que, visto que muchos anunciantes, diseñadores de catálogos de juguetes, restaurantes de comida rápida y demás personas participantes en esta sociedad siguen insistiendo en establecer diferencias entre niños y niñas a la hora de jugar y, por lo tanto, diferencias a la hora de ser, no podemos dejar de insistir en lo necesario que resulta trabajar, desde edades bien tempranas, el romper todos estos mitos y estereotipos de género que desde hace tanto tiempo venimos arrastrando.

Porque, al fin y al cabo, el juego no es sólo un entretenimiento, también es el medio del que disponen niños y niñas para relacionarse con la realidad que les rodea, de acercarse a ella, de interpretarla, de hacerla suya y de aprender, y en este proceso ni niños ni niñas se plantean, de forma natural, si el juego que realizan es adecuado o no al rol que su genero se supone que debe desempeñar en la sociedad.

Sin embargo, ya para eso estamos las personas adultas, para perpetuar, de forma consciente o inconsciente, unos valores asociados a cada uno de ambos géneros, donde las chicas deben ser dulces, esbeltas y delicadas como princesas indefensas que dependen de un varón o como amas de casa entregadas al gustoso cuidado de los hijos y del hogar, mientras que los chicos deben ser fuertes y dominantes como intrépidos héroes aventureros que rescatan doncellas o como formidables deportistas de cuerpo atlético y grandes entendidos en el mundo del motor. 

El problema de todo esto es que niños y niñas terminan asumiendo como propios y como algo natural los cánones impuestos, rechazando cualquier juego o juguete que se salga del patrón e incluso atacando al niño o niña que le gusten los juegos atribuidos al género opuesto o muestre unas emociones no propias de su rol, hecho que les va marcando en su crecimiento y que luego desemboca en actitudes sexistas y machistas (incluso por ambas partes) que tan desastrosas consecuencias terminan por acarrear. 

Es por todo ello que, en los tiempos que corren, donde parece haberse encendido por fin una importante mecha de conciencia al respecto, insistamos en la coeducación y en la práctica de la llamada pedagogía queer desde el ámbito que nos corresponde como profesionales de la enseñanza y como miembros de esta sociedad, para así contrarrestar el creciente efecto adverso que está provocando en nuestros jóvenes la falta de control en la red o la ausencia de toda moral en televisión a cualquier hora del día.

Por suerte, ya se ha encendido una mecha, y ya se ven algunos ejemplos palpables en estas fechas en los que los juguetes son anunciados sin distinción. Sin embargo, queda aún mucho trabajo por hacer de cara a seguir derribando barrera y rompiendo prejuicios. En nuestra mano está seguir luchando por marcar la diferencia: la diferencia de no diferenciar.



¡Felices fiestas y feliz año 2018!

martes, 28 de noviembre de 2017

Historia de un burro morado

Es posible que el título de la presente entrada os resulte cuanto menos extraño y llamativo. El caso es que parte de una anécdota que me ocurrió cuando era niño y cursaba el primer curso de la EGB, lo que equivaldría hoy día, para quien no lo sepa, a 1º de Educación Primaria.

Sé que ha pasado mucho tiempo desde entonces, por lo que los hechos en sí son algo difusos en mi memoria, pero el recuerdo de lo que supuso para mí sí que sigue bien latente debido a la emoción que en mí generó.

El caso es que estábamos en clase dibujando (no recuerdo bien si de manera libre o como parte de una actividad concreta), y yo dibujé un burro y lo coloreé de color morado. Mi maestra, en cuanto lo vio, se alarmó muchísimo y me regañó abiertamente en clase sobre lo mal que estaba dibujar un burro de un color que no era el que le corresponde en la vida real, y no conforme con eso, también transmitió sus reproches a mi familia estando yo presente. 

Aquello me cayó como un jarro de agua fría. La dura realidad había aniquilado a la imaginación. Me habían puesto en evidencia, y además habían manifestado su desaprobación hacia mi producción, por lo que, en ese momento, mi sentimiento fue de haberles decepcionado porque había hecho algo que estaba muy mal.

Curiosamente, este pasado sábado en nuestra sesión mensual del calendario de reuniones del Grupo de Atención a la Diversidad de Acción Educativa, abordamos el debate sobre la importancia del proceso creativo y el empeño, consciente o inconsciente, de las personas adultas porque los resultados obtenidos o la forma de ejecutar la acción se correspondan a unos patrones previos que tenemos sumamente inculcados en nuestra mente madura y racional, emitiendo a menudo juicios de valor (positivos o negativos) que ponen en evidencia lo que esperamos de la niñez: que se ajusten a esos modelos establecidos.


Es cierto que la escuela tiene la obligación de hacer de puente y de guía entre el alumnado y el mundo real donde se va a desarrollar, pero tenemos que valorar positivamente también todo el potencial que nuestros niños y niñas poseen de serie para imaginar, indagar, explorar, crear, etc.

Quizás lo ideal sea saber encontrar cierto equilibrio entre nuestro papel de mediadores de la realidad y nuestro papel de incentivadores de todo su potencial, teniendo en cuenta que dicha realidad para nada es estática e invariable, sino que es puro dinamismo, y que ellos y ellas tienen plena capacidad de poder influir en dicha realidad.


Sabemos que muchos de nosotros y nosotras, llegada cierta edad, hemos dejado de dibujar porque hemos entendido que "no somos buenos dibujando", sólo porque no hemos sido capaces de llegar al listón establecido para que se nos reconozca nuestro producto final como aceptable según unos cánones. Sin embargo, sólo hay que pensar en toda la cantidad de grandes artistas cuyo secreto radica en poner en marcha nuevas formas de expresión visual que rompen con las establecidas con anterioridad y que, curiosamente, han abierto las puertas a otras técnicas, otras interpretaciones, otros estilos.
 
Por otra parte, cada vez son mas los paradigmas que defienden la importancia de la imagen y el dibujo durante el proceso de enseñanza y aprendizaje, ya sea de forma activa (dibujar para reforzar lo enseñado o lo que queremos aprender), o de forma pasiva (dibujar como forma de mantener la concentración y la atención durante este proceso).


Me resulta cuanto menos curioso que yo lleve toda mi vida dibujando en libros y cuadernos durante las clases o durante las sesiones de estudio fuera del horario escolar como una actividad secundaria que me ayudaba a procesar mejor la información (aunque estuviera mal visto porque pareciera que pasaba de "lo realmente importante" o que sólo lo hacia por ensuciar el material), y descubrir en la actualidad que ya estaba poniendo en marcha de manera automática algo que ahora sé.

Dentro de toda esta postura, ha ganado gran peso todo lo relacionado con el pensamiento visual o visual thinking, donde lo importante no es realizar obras de arte, sino dotar de verdadera importancia y utilidad el dibujo en la forma en que estructuramos nuestra manera de interpretar, procesar y compartir la información.


Así pues, no hagamos de la creatividad de nuestros niños y niñas un enemigo a abatir. Dejémosles desarrollarse a su ritmo, dejémosles que sean ellos quienes se vayan autorregulando en este descubrimiento de todo lo que les rodea, y guiémosles en este proceso para que se sientan valorados, importantes, capaces y queridos.

Enseñémosles mejor a respetar las producciones propias y ajenas, a querer progresar y mejorar sin caer en una autoexigencia insana, y, sobre todo, a tener interés por hacer y crear.

Nada como fomentar el pensamiento divergente para dar respuesta a toda nuestra diversidad.


lunes, 30 de octubre de 2017

Hacer visible lo invisible. Hacer invisible lo visible.

La tradición academicista de la escuela ha hecho que se hayan generado ciertas creencias bien ancladas en todo lo que a este ámbito respecta, como por ejemplo el hecho de que sólo tiene validez aquello que se pueda cuantificar. Eso ha provocado que una amplia cantidad de aspectos necesarios para el desarrollo de la persona humana hayan quedado relevados a un segundo plano, e incluso a menudo invisibilizados, en detrimento de una productividad más basada en la cantidad de contenidos dados que en la calidad de aprendizajes generados. 

Así pues, se produce la falacia de que en la escuela sólo se están haciendo bien las cosas cuando hay un trabajo que se pueda mostrar o un examen que se pueda puntuar. Recuerdo una vez en la que ejercía como especialista en Pedagogía Terapéutica en la etapa de Educación Infantil cuando se me dijo que "estaba perdiendo el tiempo en lugar de hacer fichas que enseñar a las familias". Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Como diría el viejo y sabio Rafiki, "mira más allá de lo que ves". Es decir, esta persona sólo estaba entendiendo la función docente como generadora de trabajos tangibles, cuando lo realmente importante es todo lo que hay detrás de la producción de esos trabajos, que tienen que ser el resultado de un proceso arduo y concienzudo de verdadero aprendizaje, no el objetivo a cumplir en sí.

Existe toda una serie de procesos cognitivos básicos a trabajar de manera previa para poder afrontar con éxito ese tipo de tareas. Existe, además, un proceso madurativo necesario que abordar para el correcto desarrollo y evolución de cualquier persona. Es por ello que el trabajo que llevamos a cabo al respecto merece ser visibilizado y valorado más allá de cualquier producción física y tangible acotada dentro de un Sistema Educativo desbordado por la imposibilidad de atender tal masificación de contenidos.



En este sentido, debemos recordar que, a veces, menos es más. Es decir, no por más trabajos, más deberes o más exámenes el aprendizaje es mayor si no se dedica tiempo y espacio a establecer las bases y el entendimiento necesario para una ejecución de los mismos más comprensiva que mecánica. Seguro que muchos de nosotros y nosotras recuerda haber hecho ejercicios en clase o en casa sin tener realmente una noción de que es lo que hacían o para que servía, sólo porque el profe o la profe de turno nos lo había ordenado y porque teníamos a alguien que, a unas malas, nos guiaba a la hora de realizarlos para poderlos entregar, aunque realmente no hubieramos comprendido nada. ¿Es ese el modelo que queremos? De cara a la galería quizás pueda dar el pego, pero debemos superar ya esa presión que tenemos como colectivo de contentar a la opinión pública para que se deje de poner en entredicho nuestra profesión.

Cierto es que nunca llueve a gusto de todo, pero si en algo debe destacar nuestra labor es en estar por y para nuestro alumnado. Estoy cansado de ver a chicos y chicas estrellarse contra el muro de la frustración al no ser capaz de llegar al nivel y ritmo exigido, o por ser talentoso en otras habilidades que no son las predominante en nuestros sistema escolar, siendo estas a menudo rechazadas o reducidas a lo insignificante, con todo el daño que a su persona ello conlleva. 


Nuestra misión debe ser la de darle respuesta y cabida a todos y cada uno de ellos, independientemente de que presenten o no alguna necesidad educativa, ya que, si por un lado queremos hacer visible aquello que tendemos a olvidar, igualmente tenemos que eliminar las connotaciones, estereotipos y prejuicios que nacen de una mala gestión de la atención a la diversidad.

Es por ello que también es tarea nuestra invisibilizar las barreras que a menudo nuestra propia percepción y desinformación crean, haciendo de la filosofía inclusiva una realidad y no sólo un ideal a alcanzar. Porque no sólo es diversa aquella persona que presenta diversidad funcional, valga la redundancia, sino que debemos entender la diversidad como una característica innegable de la especie humana, y dentro de esa diversidad, prestar especial atención a aquellas personas o aquellos colectivos que, por determinadas circunstancias, aún no gozan de una total aceptación, hasta el punto que no sea necesario volverlo a abordar porque se haya aceptado de tal manera que todos y todas podamos entender la diferencia como "normal".


Es en estos casos cuando, en lugar de hacer visible lo invisible, tenemos que hacer invisible lo visible, aunque este visible sólo esté en nuestra percepción. Es por eso que tenemos el privilegio de desarrollar una profesión capaz de transformar la realidad, y, aunque a menudo no seamos totalmente conscientes de ello, debemos procurar con nuestro trabajo y ejemplo dar sentido a nuestro discurso y saber otorgar o restar importancia a las diferentes variables que, con total certeza, intentarán influirnos de manera directa o indirecta a nuestro alrededor, rompiendo mitos, derribando muros y procurando hacer de nuestro mundo un lugar mejor. 


viernes, 22 de septiembre de 2017

La diferencia entre creer y crear

Hace poco más de un mes que la ciudad de Barcelona se vio azotada por un acto terrorista que puso en jaque a todo un país. No entraré en este post a comentar aquel hecho deleznable, pero sí que me gustaría realizar un análisis de las consecuencias que tuvo en nuestra población desde diferentes perspectivas, así como el arduo camino que tenemos todavía por delante al respecto en materia de Educación.

El primer punto de vista que me gustaría analizar es el que se corresponde con nuestro papel de consumidores en el mercado informativo de los mass media, quienes, en su afán de ser los primeros en ofrecernos información en exclusiva de lo ocurrido y así tenernos pegados a su canal, no tuvieron en cuenta ni un segundo que entraban en bucle durante varios días dándole una excesiva difusión a lo acontecido (para más regocijo de quienes querían causar dicho impacto en nuestra sociedad), y además se precipitaron a señalar culpables ante la opinión pública (a veces, incluso, estableciendo asociaciones de causa-efecto algo rebuscadas pero acordes con determinados juicios de valor previos a los hechos), cuando eso es un trabajo que debe quedar en manos de las fuerzas de seguridad del Estado y del poder judicial.

Con esto lo que quiero decir es que nosotros y nosotras, como parte de la ciudadanía de este país, debemos empezar a desarrollar una actitud crítica ante estas situaciones que vaya más allá del "me trago y me creo todo lo que salga por la tele" y demos a la información la veracidad y cautela que se merece, procurando dejar a un lado los diferentes sesgos ideológicos y sabiendo detectar la manipulación cada vez más extendida en los grandes medios a nuestro alcance.

Esto enlaza directamente con el segundo punto de vista a analizar, el que nos convierte en eslabón de la desinformación a través de las redes sociales, donde todo se empezó a desvirtuar de una manera acelerada y abrumadora en cuestión de minutos, terminando aquello convertido en un nido de víboras donde importaba más machacarnos entre nosotros mismos que tomar conciencia colectiva de un mal común del que sólo mirábamos la punta del iceberg.

Resulta cuanto menos curiosos la de campañas que se establecen para evitar que nuestros jóvenes hagan un mal uso de Internet y las redes sociales, amparándose en ellas para hacerse daño tras la trinchera de las pantallas, pero en días como esos los adultos demostramos ser aún peores en nuestra manera de proceder, soltando veneno a borbotones, compartiendo enlaces e imágenes cuestionables o realizando algunas justificaciones y acusaciones que no venían al caso. Fueron días donde el odio camufló a la solidaridad y fortaleza de un pueblo que se reponía del ataque sufrido.

Esto me lleva al tercer punto de vista en esta cuestión, quizás el que me acontece más de cerca como persona que ha trabajado durante varios años con jóvenes en riesgo de exclusión como los que terminaron perpetrando el atentado, jóvenes de origen musulmán, residentes en España, en situación desfavorecida y sin ningún futuro aparente, lo cual los convierte en blancos perfectos de estas sectas extremistas que los adoctrinan y mandan a la muerte para no mancharse ellos las manos.

Es por cosas como esas que durante mucho tiempo he trabajado junto a un gran equipo de profesionales (el cuál sigue en activo) para garantizar a este tipo de población un porvenir y una vida digna que les aleje de esa radicalización, y es por eso mismo también que entiendo el dolor de quienes apostaron por ellos, de sus familias y de sus allegados. Son culpables de los hechos, pero también son víctimas de todo lo que se esconde detrás, y es por ello que el camino del odio no nos ayudará a apagar el fuego creado. Debemos darnos cuenta de que hay algo que falla en nuestro sistema, que va desde garantizar una libertad de credos bien gestionada hasta seguir trabajando porque la diversidad existente en nuestro país sea más una convivencia que una coexistencia, donde todos podamos enriquecernos de nuestra pluralidad, compartir nuestra existencia y crecer en armonía como seres humanos que somos.

Es por todo ello que admiro lo gestos de fraternidad demostrados tras los atentados, y por lo que admiro también a todas aquellas persona que se volcaron con lo sucedido sin importar credo ni condición, prestando lo mejor de si mismo a la causa y aportando su granito de arena por construir un mundo mejor.

He ahí donde la escuela tiene mucho trabajo aún por hacer: Desde enseñar a leer y entender una noticia a saber discernir entre veracidad y manipulación, a ser críticos ante la información que nos llega antes de darle completa credibilidad, a hacer un uso adecuado de las redes sociales, a saber empatizar, gestionar emociones, argumentar de manera asertiva, a respetar otro credo, otra ideología u otra opinión aunque no se compartan, a convivir y a dar a todos y a todas la oportunidad de participar y de sentirse realmente parte activa de una sociedad que compartimos y que construimos con nuestro esfuerzo y ejemplo, no con nuestro odio, nuestro rechazo o nuestra opinión. Esa es la diferencia entre creer y crear.




lunes, 4 de septiembre de 2017

"Volver a empezar"

Septiembre es el mes de volver a empezar.

Como bien decía "Maestra de Pueblo" en un meme que compartió justo antes de arrancar el presente curso, este mes se caracteriza por ser el primero del año para quienes nuestra vida se rige por el calendario escolar.

Sin embargo, este "volver a empezar" tiene este año, para mí, otros significados añadidos. Y es que, tras enfrentarme otro final de curso más al duro proceso que supone nuestro sistema de oposición, por fin esta vez comienzo el año habiendo obtenido la tan ansiada plaza que tan lejos parece siempre querer estar, y justo en un momento en el que, tras un intenso curso, más notaba mis fuerzas flaquear (gracias a todos los que durante ese proceso habéis estado a mi lado una vez más).

Es más, no aún contentos con eso, el destino y su aparente afán por hacer cíclica la historia ha querido que el comienzo de esta nueva fase se produzca en el mismo colegio donde ya en 2014 me estrené en la Comunidad, y volviendo a trabajar con algunos de los alumnos y alumnas con los que tuve el placer de coincidir en aquella breve sustitución.

No obstante, la Fuerza siempre esconde un reverso tenebroso, y es que, como ya reflejaba en este mismo blog el pasado año, sigue siendo frustrante que quienes dirigen nuestros destinos profesionales siguen sin plantearse lo importante que es para el alumnado garantizarles una continuidad cuando docente y discentes han funcionado bien de manera conjunta, y más aún si dicho alumnado presenta una serie de necesidades educativas especiales que hace que sea mucho más delicada su situación.

Es en estos momentos cuando me gustaría poder hacer como Naruto con su Kage Bunshin no Jutsu y poder multiplicarme para seguir trabajando junto a aquellos alumnos y alumnas que siento que voy dejando atrás en el camino, y compartiendo espacio con los diferentes profesionales de calidad con los que he tenido el enorme privilegio de coincidir.

Lo bueno de todo ello es la enorme huella que voy y vais dejando en mi constante caminar. Ahora este camino emprende una nueva etapa, y... ¿quién sabe a dónde me llevará?

¡Feliz inicio de curso!


lunes, 26 de junio de 2017

"Una gran responsabilidad conlleva un gran poder"

Tras haber acabado un nuevo curso, y con la momentánea calma que te otorga el haber realizado ya el primera examen de otra nueva convocatoria de oposición, me dispongo a compartir una pequeña reflexión partiendo de este juego de palabras realizado a partir de la famosa frase que a Peter Parker le transmite su tío Ben.

Y es que, si algo hay que poner de manifiesto sobre lo que ha supuesto el curso escolar, es el poder generado para cumplir con mi responsabilidad de ser el tutor un grupo con el que no ha sido nada sencillo lidiar, estando a la altura de las circunstancias, buscando sacar de cada uno de ellos lo mejor, y enfrentándome a la adversidad al mismo tiempo que también he sacado fuerzas para dedicar un rato cada tarde a preparar mi examen de oposición. 

Lo cierto es que acabo el curso muy satisfecho, pero durante el mismo no he podido evitar llegar a momentos de auténtico colapso, con las emociones a flor de piel y con la sensación de ver mis fuerzas flaquear. Supongo que es lo que ocurre cuando te entregas en cuerpo y alma a tu trabajo a tal nivel de intensidad, sin apenas descansar y topándote con muchos muros por derribar.

Sin embargo, contradiciendo a nuestro amigo y vecino Spiderman, el poder no es algo que deba recaer sobre los hombros de una sola persona. En ese sentido, debo decir que me siento muy afortunado de haber contado en mi día a día con el apoyo de magníficas personas con las que he compartido mucho más que un entorno laboral, cuidando los unos de los otros, como debería ocurrir entre compañeros y compañeras con más asiduidad. 

Ante todo, debemos recordar que nosotros, al contrario del protagonista de ficción que está sirviendo de hilo conductor de este post, no somos superhéroes, a pesar de que a menudo queramos comportarnos como tal para estar a la altura de cada situación, y, aunque lo fuéramos, eso no es, en absoluto, garantía de no fracasar. 

Es la persistencia, la actitud y la motivación por querer hacer bien tu trabajo y cumplir así con tu función lo que hace posible que, hasta alumnos en principio complicados, se vean beneficiados de tus aportaciones y también de tu personalidad.

Y es que, como digo siempre, hay que ser especial para trabajar en especial, pues, si ya de por sí dedicarse a la Educación debería implicar un gran factor vocacional, más aún cuando vas a trabajar con alumnado de tales características y que requiere un gran nivel de dedicación y de saber estar. 

Por lo tanto, a modo de conclusión, me quedo con la intensa experiencia que me ha supuesto este año lectivo, pues he contado con un grupo de alumnos y de alumnas que, pese a todo, me han sabido conquistar y me han aportado mucho más de lo que se podría imaginar. Fuerte ha sido el vínculo generado, gracias al cual ha sido mucho más sencillo desarrollar mi labor, más aún cuando el reconocimiento y el cariño de sus familias avala esta afirmación.

También me quedo con la calidad humana y profesional encontrada en algunos de los distintos profesionales con los que he tenido el gusto de trabajar y colaborar. Para nada este curso hubiera sido igual si no hubiera contado con personas tan valiosas a mi lado. Es una referencia que merece la pena destacar.

En ambos casos, se trata de personas a las que sé que voy a extrañar.

Y por último, me quedo con la evolución que yo mismo he experimentado, el descubrir que puedo sacar fuerzas de donde no creía que tenía para cumplir con mi misión y, que pese a las constantes dudas que se generan en la autoexigencia, puedo seguir validando mi vocación.

Cómo siempre suelo decir, parafraseando al gran Nach, es que "lo que motivó el comienzo fue que las vidas que presencio no merecen el silencio". Ahora sólo falta ver como concluye este nuevo proceso de oposición, y esperar a descubrir cual será mi destino cuando el verano llegue a su fin, para así retomar mis andaduras en esta profesión tan especial.

¡Hasta septiembre! 


sábado, 27 de mayo de 2017

"Cuidarse, cuidar, y dejarse cuidar"

El pasado sábado 20 de mayo tuvo lugar el III Encuentro de Conspiración Educativa, cuyos organizadores, en un arrebato de locura, tuvieron la curiosa idea de hablar de los cuidados.

- ¿Los cuidados?

- Sí, los cuidados.

- Pero eso no tiene ningún misterio. Como profes tenemos que cuidar que a los niños no les pase nada mientras estén a nuestro cargo, y ya está, ¿no?

- Creo, querido interlocutor, que va mucho más allá de eso...

No se trata de enfocar el cuidado como acción destinada a evitar un mal inmediato. Se trata de ampliar nuestro campo visual y comprender que el cuidarse, tanto de manera reflexiva como de manera recíproca, debe ser una constante en nuestras vidas.

Debemos cuidarnos, en primer lugar, a nosotros mismos, es decir, velar por nuestro propio bienestar, para, a partir de ahí, poder cuidar a quienes nos rodean. 

Cuidarse, cuidar, y dejarse cuidar. Ahí está la premisa.

- Pero... ¿Qué tiene que ver todo esto con la escuela y la Educación?

- Más de lo que crees, amigo mío...

Los centros educativos son un entorno donde las relaciones humanas juegan un papel fundamental, aunque haya quien se empeñe en convencernos de que ese aspecto es secundario. 

La escuela, como elemento que debe responder y al mismo tiempo transformar la sociedad, es un fiel reflejo de como los seres humanos mantenemos una relación de interdependencia. Es por eso que no se trata sólo de que los docentes del cole cuiden de su alumnado, sino también de que los adultos que trabajamos en el centro escolar nos cuidemos entre sí, velando por el bienestar conjunto y global para fomentar un buen clima de trabajo y un ambiente sano y acogedor.


Además de ello, debemos enseñar a nuestro alumnado que ellos también tienen esa responsabilidad, no sólo consigo mismo y con sus compañeros, sino también respecto a los adultos que velan por su bienestar. De esta manera, el cuidado rompe esa falsa regla de algo que se ejerce de arriba hacia abajo y se proyecta de manera horizontal en múltiples planos y direcciones, adquiriendo esa consciencia de que nuestros actos tienen una repercusión que debemos contemplar. 

Es más, también debemos enfocar esa mirada hacia fuera del contexto escolar, pues también debemos cuidar al planeta del que dependemos, reflexionando sobre la situación actual y tomando medidas para paliar lo antes posible la situación adversa a la que sometemos a la Tierra y, en consecuencia, a nosotros mismos.

El cuidado adquiere entonces, no sólo un compromiso interpersonal, sino un compromiso con la vida en general. 

Después de todo, estamos formando personas, y más allá de los diferentes aprendizajes académicos que debemos garantizar, existen toda una serie de factores que no quedan reflejados a nivel curricular, pero que tienen la misma o incluso mayor importancia de cara a la realidad que nos toca vivir y que nos toca cambiar.

Es por ello que, los cuidados de los que hablamos, también deben enfocarse al plano familiar, no como un aspecto aislado de nuestra vida escolar, sino como otro elemento del que también debemos cuidar y por el que también debemos dejarnos cuidar.

En este sentido, se trata de salir de las trincheras en las que muchas veces profesorado y familias parecemos situarnos, y construir juntos ese camino que queremos andar, buscando mantener siempre una situación de respeto, afecto y cordialidad de manera bidireccional.

Porque para nuestro alumnado no sólo somos quienes imparten una lección. Más allá de eso, somos mentores, somos ejemplos de persona, somos guías en su caminar, y si no cuidamos todos estos  aspectos, la formación que queramos impartirles quedará incompleta, perdiendo el necesario enfoque holístico e integral

Por último, añadir que los cuidados no requieren, por norma general, grandes hazañas, ni tampoco se trata de reducirlos a momentos concretos o a un acto puntual. El cuidar debe ser una constante, una forma de entender la vida y de velar por la de los demás, con pequeñas acciones cotidianas que, en conjunto, produzcan en los demás y en nosotros mismos una sensación de satisfacción y bienestar. 

Como seres humanos, habrá días que nos veamos con más fuerzas, y otros en las que las veamos flaquear. Adaptar nuestra conducta respecto a los demás también dependerá del momento vital en el que cada cual se encuentre, para lo cual necesitamos fomentar la empatía, la asertividad y la educación emocional.

Si todos cuidamos de todos, todos tendremos más fuerzas para poder cuidar.

Para finalizar, te dejo las instrucciones que acompañaban al té que nos regalaron a quienes tuvimos el placer de participar en esta conspiración. Espero que te sirva tanto como a mí.

¡Cuídate!