lunes, 26 de junio de 2017

"Una gran responsabilidad conlleva un gran poder"

Tras haber acabado un nuevo curso, y con la momentánea calma que te otorga el haber realizado ya el primera examen de otra nueva convocatoria de oposición, me dispongo a compartir una pequeña reflexión partiendo de este juego de palabras realizado a partir de la famosa frase que a Peter Parker le transmite su tío Ben.

Y es que, si algo hay que poner de manifiesto sobre lo que ha supuesto el curso escolar, es el poder generado para cumplir con mi responsabilidad de ser el tutor un grupo con el que no ha sido nada sencillo lidiar, estando a la altura de las circunstancias, buscando sacar de cada uno de ellos lo mejor, y enfrentándome a la adversidad al mismo tiempo que también he sacado fuerzas para dedicar un rato cada tarde a preparar mi examen de oposición. 

Lo cierto es que acabo el curso muy satisfecho, pero durante el mismo no he podido evitar llegar a momentos de auténtico colapso, con las emociones a flor de piel y con la sensación de ver mis fuerzas flaquear. Supongo que es lo que ocurre cuando te entregas en cuerpo y alma a tu trabajo a tal nivel de intensidad, sin apenas descansar y topándote con muchos muros por derribar.

Sin embargo, contradiciendo a nuestro amigo y vecino Spiderman, el poder no es algo que deba recaer sobre los hombros de una sola persona. En ese sentido, debo decir que me siento muy afortunado de haber contado en mi día a día con el apoyo de magníficas personas con las que he compartido mucho más que un entorno laboral, cuidando los unos de los otros, como debería ocurrir entre compañeros y compañeras con más asiduidad. 

Ante todo, debemos recordar que nosotros, al contrario del protagonista de ficción que está sirviendo de hilo conductor de este post, no somos superhéroes, a pesar de que a menudo queramos comportarnos como tal para estar a la altura de cada situación, y, aunque lo fuéramos, eso no es, en absoluto, garantía de no fracasar. 

Es la persistencia, la actitud y la motivación por querer hacer bien tu trabajo y cumplir así con tu función lo que hace posible que, hasta alumnos en principio complicados, se vean beneficiados de tus aportaciones y también de tu personalidad.

Y es que, como digo siempre, hay que ser especial para trabajar en especial, pues, si ya de por sí dedicarse a la Educación debería implicar un gran factor vocacional, más aún cuando vas a trabajar con alumnado de tales características y que requiere un gran nivel de dedicación y de saber estar. 

Por lo tanto, a modo de conclusión, me quedo con la intensa experiencia que me ha supuesto este año lectivo, pues he contado con un grupo de alumnos y de alumnas que, pese a todo, me han sabido conquistar y me han aportado mucho más de lo que se podría imaginar. Fuerte ha sido el vínculo generado, gracias al cual ha sido mucho más sencillo desarrollar mi labor, más aún cuando el reconocimiento y el cariño de sus familias avala esta afirmación.

También me quedo con la calidad humana y profesional encontrada en algunos de los distintos profesionales con los que he tenido el gusto de trabajar y colaborar. Para nada este curso hubiera sido igual si no hubiera contado con personas tan valiosas a mi lado. Es una referencia que merece la pena destacar.

En ambos casos, se trata de personas a las que sé que voy a extrañar.

Y por último, me quedo con la evolución que yo mismo he experimentado, el descubrir que puedo sacar fuerzas de donde no creía que tenía para cumplir con mi misión y, que pese a las constantes dudas que se generan en la autoexigencia, puedo seguir validando mi vocación.

Cómo siempre suelo decir, parafraseando al gran Nach, es que "lo que motivó el comienzo fue que las vidas que presencio no merecen el silencio". Ahora sólo falta ver como concluye este nuevo proceso de oposición, y esperar a descubrir cual será mi destino cuando el verano llegue a su fin, para así retomar mis andaduras en esta profesión tan especial.

¡Hasta septiembre! 


sábado, 27 de mayo de 2017

"Cuidarse, cuidar, y dejarse cuidar"

El pasado sábado 20 de mayo tuvo lugar el III Encuentro de Conspiración Educativa, cuyos organizadores, en un arrebato de locura, tuvieron la curiosa idea de hablar de los cuidados.

- ¿Los cuidados?

- Sí, los cuidados.

- Pero eso no tiene ningún misterio. Como profes tenemos que cuidar que a los niños no les pase nada mientras estén a nuestro cargo, y ya está, ¿no?

- Creo, querido interlocutor, que va mucho más allá de eso...

No se trata de enfocar el cuidado como acción destinada a evitar un mal inmediato. Se trata de ampliar nuestro campo visual y comprender que el cuidarse, tanto de manera reflexiva como de manera recíproca, debe ser una constante en nuestras vidas.

Debemos cuidarnos, en primer lugar, a nosotros mismos, es decir, velar por nuestro propio bienestar, para, a partir de ahí, poder cuidar a quienes nos rodean. 

Cuidarse, cuidar, y dejarse cuidar. Ahí está la premisa.

- Pero... ¿Qué tiene que ver todo esto con la escuela y la Educación?

- Más de lo que crees, amigo mío...

Los centros educativos son un entorno donde las relaciones humanas juegan un papel fundamental, aunque haya quien se empeñe en convencernos de que ese aspecto es secundario. 

La escuela, como elemento que debe responder y al mismo tiempo transformar la sociedad, es un fiel reflejo de como los seres humanos mantenemos una relación de interdependencia. Es por eso que no se trata sólo de que los docentes del cole cuiden de su alumnado, sino también de que los adultos que trabajamos en el centro escolar nos cuidemos entre sí, velando por el bienestar conjunto y global para fomentar un buen clima de trabajo y un ambiente sano y acogedor.


Además de ello, debemos enseñar a nuestro alumnado que ellos también tienen esa responsabilidad, no sólo consigo mismo y con sus compañeros, sino también respecto a los adultos que velan por su bienestar. De esta manera, el cuidado rompe esa falsa regla de algo que se ejerce de arriba hacia abajo y se proyecta de manera horizontal en múltiples planos y direcciones, adquiriendo esa consciencia de que nuestros actos tienen una repercusión que debemos contemplar. 

Es más, también debemos enfocar esa mirada hacia fuera del contexto escolar, pues también debemos cuidar al planeta del que dependemos, reflexionando sobre la situación actual y tomando medidas para paliar lo antes posible la situación adversa a la que sometemos a la Tierra y, en consecuencia, a nosotros mismos.

El cuidado adquiere entonces, no sólo un compromiso interpersonal, sino un compromiso con la vida en general. 

Después de todo, estamos formando personas, y más allá de los diferentes aprendizajes académicos que debemos garantizar, existen toda una serie de factores que no quedan reflejados a nivel curricular, pero que tienen la misma o incluso mayor importancia de cara a la realidad que nos toca vivir y que nos toca cambiar.

Es por ello que, los cuidados de los que hablamos, también deben enfocarse al plano familiar, no como un aspecto aislado de nuestra vida escolar, sino como otro elemento del que también debemos cuidar y por el que también debemos dejarnos cuidar.

En este sentido, se trata de salir de las trincheras en las que muchas veces profesorado y familias parecemos situarnos, y construir juntos ese camino que queremos andar, buscando mantener siempre una situación de respeto, afecto y cordialidad de manera bidireccional.

Porque para nuestro alumnado no sólo somos quienes imparten una lección. Más allá de eso, somos mentores, somos ejemplos de persona, somos guías en su caminar, y si no cuidamos todos estos  aspectos, la formación que queramos impartirles quedará incompleta, perdiendo el necesario enfoque holístico e integral

Por último, añadir que los cuidados no requieren, por norma general, grandes hazañas, ni tampoco se trata de reducirlos a momentos concretos o a un acto puntual. El cuidar debe ser una constante, una forma de entender la vida y de velar por la de los demás, con pequeñas acciones cotidianas que, en conjunto, produzcan en los demás y en nosotros mismos una sensación de satisfacción y bienestar. 

Como seres humanos, habrá días que nos veamos con más fuerzas, y otros en las que las veamos flaquear. Adaptar nuestra conducta respecto a los demás también dependerá del momento vital en el que cada cual se encuentre, para lo cual necesitamos fomentar la empatía, la asertividad y la educación emocional.

Si todos cuidamos de todos, todos tendremos más fuerzas para poder cuidar.

Para finalizar, te dejo las instrucciones que acompañaban al té que nos regalaron a quienes tuvimos el placer de participar en esta conspiración. Espero que te sirva tanto como a mí.

¡Cuídate!





martes, 25 de abril de 2017

"Lectura Sin Barreras"

Este pasado fin de semana se celebró el Día del Libro, y en este blog solía ser tradición publicar cada año una entrada dedicada a tan señalado evento. 

Sin embargo, en esta ocasión, he roto la tradición y no he escrito ninguna entrada en la fecha correspondiente. 

Podría decirse que habría una cierta justificación poética si mi demora estuviera motivada por el asunto que hoy vengo a tratar, pero voy a pecar de sinceridad y simplemente diré que, una vez llegado el momento, no tenía aún nada preparado para publicar. 

He ahí que, dos días después, procedo a expiar mi culpa dedicando esta entrada a todos aquellos y aquellas que, por determinadas circunstancias, se encuentran con mayores dificultades de las que deberían para acceder y disfrutar de todo lo que los libros y la lectura en general les puede aportar; es decir, mi entrada de hoy viene dedicada al colectivo de alumnos y alumnas cuyas condiciones personales les hace ser considerados, en términos oficiales, de necesidades educativas especiales. 

Sin embargo, no hay mayor necesidad a cubrir que la de, en primer lugar, tomar conciencia de que todos y todas somos diversos, y que, por lo tanto, no todos ni todas vamos a procesar lo mismo de la misma manera ni en la misma situación, para, en segundo lugar, actuar en consecuencia y aplicar las metodologías, los espacios, el tiempo y los recursos necesarios para que las barreras existentes a priori se minimicen tanto como quepa contemplar. 


Cabe recordar que el abanico de alumnos y alumnas que entran dentro de este conjunto es considerablemente amplio, desde aquellos que, pese a las dificultades, logran alcanzar niveles óptimos de lectura y escritura hasta quienes no disponen si quiera de la capacidad de comunicar de la manera más rudimentaria posible. Es por ello que, para esta entrada, voy a centrarme principalmente en las alternativas posibles en diferentes circunstancias, para que cuando en nuestros centros educativos o en nuestra vida cotidiana queramos organizar alguna actividad, les tengamos en cuenta y contemplemos las diferentes alternativas que podemos incorporar:

En el supuesto de que la afectación sea sensorial, es decir, tenga uno o varios canales mermados, habrá que buscar la manera de compensar la información que se pierde por un canal utilizando los disponibles. 

En el caso de la ceguera, por ejemplo, para el lenguaje escrito disponemos del Braille, pero, además de ello, también podemos jugar con los sonidos, los olores, los relieves, las texturas,... para una mayor estimulación sensitiva que le aporte mucha más información. Si en lugar de un libro se tratara de una representación teatral o de una actividad de cuentacuentos, necesitaría que se le aportara oralmente toda aquella información de tipo visual que se da por sentada pero que no va a poder percibir. 

Sin embargo, si existiera un resto visual podría plantearse un aumento de las letras, el uso de contrastes, propiciar una buena iluminación, disponer de lentes aumentativas, etc.

Si el sentido afectado es el auditivo, el peso recaerá mayormente sobre el estimulo visual, usando un lenguaje signado cuando el oral no sea posible aún con prótesis o intervenciones médicas, y apoýándose siempre en imágenes como forma de aportar mucha más información. El proceso de adquisición de la lectoescritura será distinto al oyente, pues lleva una mayor carga visual en detrimento de la fonológica, por lo que requerirá más tiempo y dedicación, no sólo por parte del aprendiz, sino por parte de quienes le rodean.

En el caso de que se trate de una discapacidad de tipo intelectual dependerá mucho del grado de afectación. En este sentido, siempre que sea posible procuraremos un aprendizaje lo más significativo y funcional posible de la lectoescritura, pero, si vemos que este no es viable o hemos agotado dicha alternativa, habrá que buscar un método alternativo de comunicación, como puede ser el lenguaje signado o el uso de pictogramas, dibujos e imágenes reales, para que, a través de lo mismos, puede interpretar libros sencillos con ilustraciones y también beneficiarse de representaciones sencillas adaptadas a su nivel.

Lo mismo nos puede ocurrir cuando hablamos del Trastorno del Espectro Autista, que disponemos de un espectro, valga la redundancia, tan amplio, que podemos aplicar la forma de proceder que veníamos reflejando en el párrafo anterior.

Por último, que no por ello menos importante, están los trastorno que afectan al ámbito motor. En este caso, debemos hacer una doble distinción, ya que no es lo mismo si este trastorno va asociado o no a una discapacidad de tipo intelectual, como también influye la presencia o no de la capacidad de hablar y/o de comunicar.  

En caso de que el trastorno sea puramente motórico, se trata de hacer que el acceso a la lectura sea viable, es decir, buscar los recursos y los materiales adaptados necesarios para que pueda agarrar el libro, sostenerlo, pasar de página, etc. Sin que ello suponga no hacer todo lo posible por estimular su psicomotricidad y procurar la mayor autonomía posible para ello, para que las ayudas que dispongamos sólo sean un soporte y no supongan un acomodamiento.

Si, por el contrario, las capacidades intelectuales también se encuentran afectadas, se debe buscar el equilibrio entre sus capacidades motrices y su capacidad de comprensión, aunando los criterios expuestos con anterioridad con los actuales. 

La otra variable que influye es la capacidad comunicativa, ya que puede existir muy buena comprensión pero nula expresión, o podemos ver que la capacidad de hablar no se encuentra afectada. Cada caso será distinto al anterior, pero, como ya hemos comentado durante esta entrada, todo dependerá de las circunstancias para el desarrollo del lenguaje verbal o de un lenguaje alternativo.


Como conclusión, no podemos olvidar que:

· Se trata de entender que todos y todas somo distintos, y es eso lo que nos hace estar en igualdad.

· Se trata de hacer que los aprendizajes sean lo más significativos posibles.

· Se trata de darles funcionalidad y de poder aplicarlos en otros contextos y situaciones.

· Se trata de generar la mayor autonomía posible para su vida cotidiana.

· Se trata de tener una actitud positiva hacia este alumnado, hacia sus posibilidades de poder aprender, aportar y progresar, y de motivarles a ello. 

· Se trata de ser flexibles, de buscar alternativas, recursos, opciones, de saber mirar más allá de "lo que siempre se ha hecho" o de "la norma general".

· Se trata de dar una atención a la diversidad en términos de capacidades y no de dificultades, buscando la forma de que todos y todas puedan participar bajo un enfoque inclusivo y normalizador. 

· Y lo más importante: se trata de hacerles partícipes y de hacerles participar, que no se trata de un caso aislado, sólo de otro alumno o de otra alumna más. 

martes, 28 de marzo de 2017

Vil-lingüísmo

En un mundo cada vez más globalizado, donde el inglés ha ido progresivamente convirtiéndose en la lengua vehicular en toda relación internacional que se precie, parece más que justificada la preocupación de nuestra sociedad porque las generaciones venideras adquieran un buen dominio de este idioma.

Sin embargo, bajo este argumento aparentemente esclarecedor se está produciendo un fenómeno que poco tiene que ver con el fin en principio propuesto, pues, lejos de facilitar el acceso a esta segunda lengua a toda la población, está provocando una ruptura que vuelve a dejar en posición de desventaja a quienes "no están al nivel".


De esta manera, el programa bilingüe que tan de moda parece estar no es más que una criba entre quienes pueden permitirse seguir ese ritmo de trabajo (ya sea por capacidades propias o por recursos con los que cuenta para poderlo compensar) y quienes, por su condición social o personal, no pueden mantener el ritmo impuesto y tienen que desistir.

Cabe destacar que no tengo nada en contra de que busquen fórmulas en nuestro Sistema Educativo que nos lleven a adquirir un buen nivel en esta materia, pero ese fin no puede ser alcanzado si no se tienen en cuenta los principios educativos que sustentan nuestra Escuela Pública (aquellos de atención a la diversidad, normalización, inclusión, equidad,...) y los criterios pedagógicos necesarios para implantarlos con garantía de éxito para todos y todas, sin distinción.

Así pues, no puede plantearse un sistema bilingüe cuyo funcionamiento va en detrimento del aprendizaje de conceptos, vocabulario e ideas en la propia lengua materna del discente, que es lo que pasa cuando propones impartir asignaturas completas en un idioma extranjero, que se pierde profundidad y, en consecuencia, calidad, esa misma calidad que decían querer mejorar.

Además de ello, al alumnado más vulnerable, a aquel que presente necesidades específicas de apoyo educativo, sea por la causa que sea, directamente lo excluyes de esta propuesta, pues, sí ya encuentran dificultades en sí durante su escolaridad, muchas más tendrán si se les pone delante otro handicap añadido.

En este sentido, tenemos la suerte de contar con docentes comprometidos que, conscientes de la situación, tienen que jugársela en contra de la ley para facilitarles el trabajo a quienes de otra forma lo tendrían todo en contra para caer y acabar en un centro gueto, o siendo víctima de la división existente en nuestros centros de secundaria entre los de programa y los de sección, marcándose aún más si cabe las diferencias existentes entre quienes pudieron y quienes son "despojos del sistema", sin acritud.

Lo peor de todo esto es pensar que, más que responder a una mala planificación del programa o a un error humano en su concepción, atiende más a un planteamiento hábilmente diseñado con la intención de crear distinción dentro de la propia red de centros públicos y perpetuar así la brecha social.


Es por ello que la idea de Centro Binlingüe debe evolucionar, de manera que su planteamiento sea abierto, inclusivo y no segregador, y de manera que se pueda trabajar la segunda lengua sin que ésta tenga que desbancar nuestra propia cultura y el aprendizaje de contenidos en nuestra lengua natal.

En definitiva, no se trata de ir en contra de la idea de un modelo bilingüe de Educación, sino de trabajar duro todos y todas en una misma dirección para superar ese vil-lingüísmo que nos han colado a traición.

Para finalizar, debo decir que la única experiencia docente que he tenido en un colegio que estaba adoptando este formato fue altamente gratificante, y guardo muy buenos recuerdos del tiempo que pasé allí y de los y las profesionales con las que tuve el placer de compartir mi trabajo. Sin embargo, toda la información que posteriormente me ha llegado sobre este planteamiento de centro es lo que ha derivado en esta visión crítica, la cual plasmo aquí con el objetivo de buscar entre todos una solución que dé continuidad a la bondad de la idea y ofrezca una mejor respuesta que se adapte a la realidad de nuestros propósitos educativos y a las necesidades de toda nuestra población, como ya dije antes, sin distinción.


lunes, 27 de febrero de 2017

Tiempo y Clima

La palabra clima hace referencia a las condiciones ambientales promedio que se esperan en un lugar concreto durante un período prolongado. En cambio, la palabra tiempo, cuando hablamos en términos atmosféricos, se refiere a las variaciones que pueden sufrir esas variaciones ambientales en un período más corto y en un lugar en concreto. 

La pregunta ahora es: ¿Qué tiene que ver todo esto con la Educación? 

Lo cierto es, que cada centro escolar, como cada región de nuestro planeta, goza de su propio clima, un clima que puede verse afectado por múltiples variables ajenas a nosotros, pero también puede verse modificado por la acción humana. 

Puede ocurrir que dicha acción humana se desarrolle sin la suficiente conciencia por la sostenibilidad de nuestro entorno y dé lugar a condiciones adversas como las del cambio climático. Sin embargo, también puede pasar que tomemos responsabilidad acerca del peso que nuestras acciones tienen sobre nuestro clima y procuremos actuar en consecuencia para evitar situaciones tóxicas o contraproducentes.

Porque, cuando cuidamos el clima y contribuimos a mantener unas condiciones atmosféricas adecuadas, estamos mejor preparados para adaptarnos a los cambios que el tiempo pueda traer.

Al fin y al cabo, el tiempo es fluctuante, y puede haber días mejores y días peores, días donde el sol brilla de forma radiante o días donde un cielo gris nos amenaza como romper a llover en cualquier momento, pero el clima será algo estable a lo que nos podremos acoger.

Después de todo, no se trata sólo de mirar por las condiciones climáticas que nos incumben directamente, sino por las que desarrollamos para las generaciones venideras que dependen directamente de nuestras decisiones al respecto.


Procuremos entre todos un clima adecuado para nuestro alumnado. 
Eduquemos entre todos a un alumnado consecuente con nuestro clima. 



viernes, 27 de enero de 2017

Culpable

Debo admitirlo.

Después de un tiempo deliberado de recapacitar en torno a una serie de diversas circunstancias, he llegado a la conclusión de que soy culpable.

No hay vuelta atrás.

Creo que es importante reconocer en qué situación me hallo antes de escribir la presente entrada del blog y poder entonar así el "mea culpa".


Son varios los delitos que se me imputan, así que me parece correcto enumerarlos uno a uno para así poder corroborar que estoy conforme con el veredicto:

- Soy culpable de soñar, de creer que puedo aportar algo a la Educación, de defender que las cosas pueden hacerse de otra manera, y de pensar que nuestro día a día en las aulas puede afrontarse de una forma mejor.

- Soy culpable de la pasión que pongo en mi trabajo, de implicarme emocionalmente en él con tanta intensidad, de no tolerar las injusticias y de defender siempre el principio de equidad.

- Soy culpable de empatizar demasiado, de ser demasiado sensible y vulnerable, de querer incondicionalmente a mi alumnado por el mero hecho de serlo, y de olvidar que no todo el mundo que trabaja en esto es como yo.

- Soy culpable de pensar que cuidar nuestro clima y entorno de trabajo es crucial para el bienestar de todas las personas implicadas, y de defender que nuestro alumnado debe estar siempre por encima de todo.

- Soy culpable de invertir mi propio tiempo y mis propios recursos para aprender y poder dar lo mejor de mí cada día o, simplemente, para tener más contento y motivado a mi alumnado.

- Soy culpable de llevarme el trabajo a casa, de no querer tirar la toalla o tomar el camino fácil, de defender que hay mucho más que mirar de lo que a menudo se ve (o de lo que se quiere ver), de no tener a veces mejor conversación que la que se genera en torno a mi alumnado y a lo que hago o quisiera hacer en clase, y de preocuparme por ellos una vez debo marchar y dejarles atrás.

- Soy culpable de idear locas o curiosas propuestas que en muchos casos no suelen ser recibidas con buenos ojos, de defender teorías pedagógicas o metodologías que van más allá del aprendizaje puramente memorístico o insustancial, de "la letra con sangre entra" o de "lo único válido en este mundo es mi palabra y mi autoridad".

- Soy culpable de defender un modelo donde docentes, familias y alumnado tengamos voz y voto, un modelo donde todos podamos aprender de todos, y donde todos sepamos escuchar y tengamos algo que aportar.

- Soy culpable de entender la Diversidad como el eje central a tener en cuenta a la hora de diseñar cualquier Sistema Educativo que se precie, entendiendo ésta como la amplia variedad de personas que existe en el mundo y no sólo como conjunto de personas con discapacidad.

- Soy culpable de tener fe en las personas, de pensar que hace más el que quiere que el que puede, culpable de creer que las mayores fronteras de nuestro mundo están en los ojos de quien mira, y que nuestra actitud en ese aspecto juega un papel fundamental.

- Y, por último, soy culpable de sentirme derrotado, de restarme valor, de pensar en demasiada ocasiones que me he equivocado de vocación, y de sentir que la cruda realidad merma todas mis expectativas de desarrollo personal y profesional, y que no tengo nada que hacer al respecto.

------------------------------------------------------

Aquí mi lista de inconfesables delitos, aunque seguramente en el tintero se me haya podido quedar algún que otro matiz por confesar.

Yo ya he cumplido mi parte. Ahora sois vosotros quienes me debéis indultar o condenar.

Aunque existe una tercera opción.

Siempre podéis uniros a la loca cruzada que me ha llevado a estar ahora mismo frente a este supuesto tribunal.

La invitación queda formalmente formulada.

Os toca decidir.

Os toca actuar.



domingo, 18 de diciembre de 2016

Necesidades Educativas no tan Especiales

A principios de este mes se celebró el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, día que, aunque necesario por la visibilidad que le da a este colectivo, se queda corto al seguir poniendo el acento en el déficit y no en fomentar entre todos una inclusión plena.

El problema es que nuestra sociedad en estos términos sigue basándose en dos concepciones demasiado arraigadas que conviene solventar para seguir avanzando: el enfoque clínico por el cual nos centramos más en la persona y su diagnóstico que en el desarrollo de su potencial bajo un enfoque interactivo entre ésta y el entorno, y la caridad cristiana que, pese a sus buenas intenciones, se queda corta al realizarse de manera vertical y puntual, en lugar de horizontal y constante como es el enfoque que proponen los conceptos de equidad y solidaridad.

No obstante, todos los que nos dedicamos a trabajar con estos colectivos sabemos que, en términos educativos, el concepto de alumno con deficiencia ha ido evolucionando hacia el de alumno con necesidades educativas especiales, con el cual se busca promover una participación lo más plena posible, en función de cada circunstancia, en la escuela y en la sociedad.

Aún así, no siempre la realidad es tan maravillosa como se espera, y todavía queda mucho trabajo que hacer dentro de este ámbito.

Es por eso que, con esta entrada, quiero hacer una pequeña aportación, demostrando que las ya mencionadas "necesidades educativas especiales" no tienen por qué ser tan especiales. 

Me explico: Cuando empleamos este nuevo concepto, queramos o no, lo seguimos asociando en muchos de los casos al concepto de discapacidad, estableciendo ahí una barrera invisible que ya marca de antemano una diferencia entre estos chicos y chicas y el resto, sin darnos cuenta de que todos y todas somos diferentes, y que todos y todas tenemos necesidades que a menudo la escuela se olvida de cubrir.

Porque cuánto más concienciados estemos de que todo el conjunto del alumnado presenta una serie de necesidades básicas para un correcto progreso tanto a nivel educativo como personal, menos excepcionales serán luego aquellas que determinados alumnos y alumnas puedan presentar por distintas circunstancias específicas e individuales.


Es por ello que presento aquí lo que, a mi juicio, son una serie de necesidades fundamentales a contemplar por familias y docentes a la hora de velar por un desarrollo pleno e integral de nuestros discentes:

- Necesidad de sentirse querido y valorado: todos y todas deberíamos tomar conciencia ya de la importancia que tiene todo el ámbito afectivo en el bienestar de cualquier persona y en su capacidad de rendimiento. Sentir que somos importante y que se nos reconoce por lo que somos hará que nos sintamos mucho más implicados en nuestra tarea y que respondamos mejor ante las acciones que los adultos responsables de nosotros nos soliciten realizar. 

- Necesidad de crear un entorno acogedor y un clima de confianza y respeto mutuo: Cuidar nuestro lugar de trabajo es fundamental, al igual que las relaciones que en él se establecen. En este sentido es vital fomentar todo lo posible las habilidades sociales y la aceptación de unos y otros sin importar aquello que nos pueda diferenciar, hasta el punto de que el grupo-clase funcione como un equipo bien integrado. Esto no es siempre tarea fácil, pero es tarea nuestra trabajar por ello, siendo los primeros en tratar con respeto a nuestros alumnos y alumnas y hacerles entender que confiamos en ellos y en sus posibilidades, dejándoles siempre la puerta abierta por si alguno de ellos necesita de nuestra orientación o ayuda para una determinada duda o adversidad. Si les tratamos con respeto y dignidad, de manera justa y coherente, es muy probable que recibamos el mismo trato, ya que el respeto no se impone, sino que se gana.

- Necesidad de tener en cuenta los distintos estilos de aprendizaje y de buscar diferentes vías y metodologías que poner en marcha para asegurar la consecución de los aprendizajes previstos: No basta con decir "yo les explico todo, el problema es que no lo aprenden", porque eso significa que no hemos probado a afrontar nuestro trabajo poniendo en marcha otros mecanismos que nos faciliten la adquisición de aquello que queremos enseñar. En este sentido no existe ni panaceas ni recetas mágicas que aplicar al pie de la letra, sino que, de todo lo que conocemos y de lo que se utiliza a nuestro alrededor, debemos ver que cosas son aplicables en función de que grupos, que alumnos y que contenidos se vayan a trabajar, permitiendo que cada uno de ellos genere sus propias estrategias y fomentando el pensamiento divergente y la capacidad creativa y crítica que todos y todas poseemos y que a menudo no desarrollamos.

- Necesidad de relacionar los aprendizajes vistos en clase con la vida real, favoreciendo su aplicación práctica y su generalización: Cuando los aprendizajes se llenan de significatividad y adquieren importancia para nosotros en función de nuestras inquietudes, de nuestros intereses y de nuestro entorno, es mucho más fácil que se produzca un aprendizaje real de los mismos. Para ello es fundamental que conozcamos bien a nuestros discentes, sus intereses y los entornos donde se mueven, para ser capaces de conectar su mundo real con el mundo académico donde tenemos que trabajar.

- Necesidad de respetar los tiempos, de compensar dificultades y de ser flexibles en nuestra forma de proceder: Ni todas las personas aprenden igual de rápido, ni todas las personas tienen las mismas aptitudes. Siempre habrá materias que se nos den mejor y materias que se nos den peor. Saber adaptar y flexibilizar tanto los contenidos con nuestra manera de abordarlos según cada alumno y cada situación es importante para atender a la diversidad de alumnado que tenemos en nuestras aulas. 

- Necesidad de trabajar la autoestima y fomentar las habilidades sociales, aprendiendo a gestionar sus propias emociones: La escuela no es solamente un lugar para aprender contenidos curriculares, sino también un lugar para aprender a ser nosotros mismos y a interactuar correctamente con nuestros iguales. Es por ello que tenemos que fomentar actividades donde todos participen conjunta y activamente, y donde se ponga en marcha mecanismos de superación de dificultades, graduando las posibilidades de éxito y enfocando el error como parte natural del proceso de aprendizaje. Además, es también importante saber hablar de lo que sentimos y saber expresarlo ante los demás, siempre de la forma más asertiva posible y desarrollando su capacidad para empatizar.

- Necesidad de adaptar el proceso de evaluación a la forma de aprender y proceder: Porque de nada tiene sentido todo lo anterior si a la hora de realizar la evaluación no lo tenemos en cuenta. Además, debemos valorar todo el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos y saber apreciar los esfuerzos y los avances realizados por ellos, haciéndoles partícipes de su propia evaluación. 

En definitiva, todas estas necesidades aquí estamos exponiendo suelen ser aquellas que parece en mucho de los casos sólo reservadas para el alumnado con necesidades educativas especiales, cuando todo el conjunto del alumnado podría beneficiarse de ellas, incluyendo a nuestro alumnado concreto. 

Porque cuanto más tengamos en cuenta la diversidad de nuestro alumnado a grandes rasgos, menores serán las medidas específicas que debamos adoptar y mayor será la inclusión plena y real que logremos fomentar, y no sólo de cara a la escuela, sino de cara a la sociedad.